Este anillo nace desde la idea de que la destrucción también es creación. Su superficie irregular, sus grietas y texturas marcadas no representan fragilidad, sino transformación.
Lo que parece roto, en realidad está reconfigurado.
Cada marca simboliza procesos: finales necesarios, estructuras que caen, versiones de nosotros que ya no existen. Porque para construir algo nuevo, primero hay que animarse a quebrar lo viejo.
Trabajado artesanalmente desde cero, cada textura es intervenida a mano.